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La Antropología Forense

La Antropología Forense

 

 

Es una Ciencia todavía joven en muchos países, aunque se está extendiendo cada vez más por todo el mundo, dada su enorme utilidad a la Administración de Justicia a la hora de resolver muchos casos criminales en los que los investigadores no encuentran una solución evidente.

 

 Esta Ciencia tiene como finalidad el estudio de los restos óseos esqueléticos, con el objeto de llegar a la identificación personal y averiguar la causa de la muerte, la data de la muerte, sexo, raza, estatura, posibles marcas profesionales o estigmas, antiguas lesiones óseas, así como el estudio de la Cavidad Bucal, que es la verdadera «caja negra» del cuerpo humano y todo cuanto sea posible para proporcionar información a los investigadores policiales, con la finalidad de facilitarles la labor de llegar a la identificación positiva de una víctima.

La labor del Antropólogo Forense, comienza cuando la Policía se encuentra ante un cadáver que no puede identificar, máxime si éste se halla en un avanzado estado de descomposición, esqueletizado o incluso cuerpos a los que los criminales han hecho desaparecer las huellas dactilares para complicar su identificación policial, incluso partes del cuerpo –cabeza, brazos, piernas….-, como partes fundamentales para ello, y aquellos casos en los que, el Forense de Campo, generalmente con medios muy limitados para ejecutar la autopsia, no es capaz de ver los pequeños detalles.

 

El Antropólogo, ve los huesos que estudia, como un «papel de calco» en el que han quedado «registrados» cuantos acontecimientos han tenido lugar a lo largo de la vida de un individuo, especialmente los traumatismos que han provocado la muerte de la víctima.

 A sus laboratorios, son remitidos constantemente restos cadavéricos que pueden llegar en muy diversos estados de Descomposición, de Momificación, Adipocira, de Putrefacción o simplemente esqueletizados. Es precisamente en estos casos –en que la Autopsia propiamente Forense-, poco o nada puede dilucidar en base a las partes blandas y en los que los Equipos de Investigación Criminal de la Policía no hallaron huellas dactilares o vestigios que permitan la identificación de la víctima, cuando da comienzo el trabajo del Antropólogo Forense.

 La labor primigenia que se lleva a cabo en los laboratorios de Antropología Forense, es la de esqueletizar los restos, de esta forma y en un plazo de 48 horas, puede disponerse de unos restos esqueléticos limpios, desodorados y esterilizados, dando comienzo así un minucioso estudio de cada centímetro de los restos.

En no pocas ocasiones, pueden hallarse los restos momificados. Cuando se da esta circunstancia, y en la mayoría de las veces pueden obtenerse las huellas digitales de la víctima, revitalizando los tejidos de las partes blandas y bien por impresión directa o utilizando la Fotografía valiéndose de una iluminación especial, podrán conseguirse unas huellas aceptables que faciliten la identificación de la víctima.

El cráneo es una parte indispensable para llegar a deducir las características del rostro de la víctima. Esto puede lograrse utilizando diversos métodos. La mayoría de los laboratorios de Antropología Forense disponen de modernos equipos informáticos, equipados con softwares analizadores de  formas con un C.C.T.V., que permiten la obtención de siluetas de frente y perfil del cráneo que se muestra en la pantalla del computador, añadiéndole las partes blandas más factibles que podría tener la víctima.

 

 En otros casos y mediante la utilización de otros métodos, se recurre a la reconstrucción de las partes blandas valiéndose de arcilla y/o similares, aplicadas sobre la cara, conservando espesores medios tal y como dictan unas tablas milimétricas específicas. En cualquiera de los casos expuestos, estas técnicas permiten la obtención de una imagen tridimensional muy aproximada de las características faciales que pudo tener la víctima del crimen.

 

Sin embargo, en otras circunstancias en las que el cráneo presenta rasgos muy puntuales, debe contarse con la colaboración inestimable de un buen artista (dibujante) forense del Laboratorio de Criminalística; éste originará gráficamente el presumible rostro de la víctima. Debe tenerse presente que esta técnica está basada en comparaciones anatómicas muy precisas y otros rasgos intrínsecos. El apoyo fotográfico forense y la Radiología, son imprescindibles para este tipo de estudios, al igual que las técnicas histológicas y microscópicas.

La Radiografía aplicada al estudio de los Senos Frontales del cráneo es, en la mayoría de los casos, concluyente para conseguir una identificación positiva, al no existir dos individuos que tengan los senos frontales iguales; si bien en otras circunstancias una Radiografía de la Cavidad Bucal ha permitido llegar a la dilucidación de investigaciones criminales que parecían estar en un «callejón sin salida».

También debe tenerse muy presente que, el criminal en innumerables ocasiones deja su «sello personal» o «tarjeta de visita», sobre la víctima o dentro de ella y/o muy cerca del lugar de abandono de la misma, la I.T.O. (Inspección Técnico Ocular) es tan importante para el equipo de Investigación Criminal, como para el Antropólogo Forense, o sea que lo primordial es llevar a cabo una escrupulosa inspección en el lugar del hallazgo. De esta forma, un Antropólogo Forense versado en Arqueología, posee más opciones de aprovechar al máximo los indicios del caso en estudio, si el estudio del material motivo de su valoración profesional lo realiza in situ, si bien es indispensable que, posteriormente se lleven a cabo determinadas pruebas que sólo pueden llevarse a cabo en el laboratorio.

Por desgracia, frecuentemente no es posible que el mismo Antropólogo Forense pueda estar presente en el lugar donde los restos óseos se han encontrado, que sería objetivamente lo idóneo. En un tanto por ciento muy elevado los hallazgos tienen lugar en playas, bosques, cuevas, enterrados bajo o en proximidades de viviendas o en su defecto flotando en aguas de ríos o en el mar. El primer aviso, obviamente, es recibido por la Policía y comunicado a la Administración de Justicia (en turno de guardia); una vez personados éstos en la escena del hallazgo y efectuadas las gestiones preliminares, se procede por parte del Juez y el Médico Forense a ordenar el Levantamiento del Cadáver y, en su caso, son estas autoridades las que pueden decidir –y no otras– su remisión al Laboratorio de Antropología Forense.

Con referencia a lo anteriormente expuesto, es imprescindible puntualizar que realizar un buen número de fotografías in situ del hallazgo y del entorno del mismo que constituirán un documento de primer orden. La Fotografía Criminalística y/o Forense, aparte de ser un inigualable documento para el conjunto del Sumario y/o Diligencias Judiciales, constituyen un importantísimo apoyo para el Antropólogo Forense con relación al exhaustivo análisis que deberá llevar a cabo de los restos óseos.

La recolección de los restos por parte del Equipo de Investigación Criminal debe ser exhaustiva y lo más completa posible, de todos ellos  por muy insignificantes que puedan parecer ya que, al enviar el mayor número de éstos para su posterior análisis puede significar el posible hallazgo de huellas tan significativas como vestigios de la utilización de una determinada arma blanca que pudo producir la muerte o el roce del proyectil de un arma de fuego causante del deceso, al igual que cualquier tipo de fractura o lesión que la víctima pudo padecer en su periodo vital, cicatrizando posteriormente (estigma) y que puede ser determinante para la posterior identificación positiva del cadáver. Puede darse la circunstancia de que el equipo de Investigación Criminal, momentánea y aparentemente, no visualice rastro alguno, pero existen muchas posibilidades de dar con éstos para conseguir una identificación de la víctima; por lo que es deseable disponer de la totalidad del material esqueletizado y   fragmentos del mismo.

Sirva como ejemplo que, en los descuartizamientos suelen hallarse vestigios del arma o instrumento utilizado en la acción criminal, sobre las articulaciones o en áreas de los huesos desarticulados, y es, en base a éstos, por la que se puede plantear la ineptitud o destreza del supuesto actor, su supuesta habilidad como «cirujano» o simplemente como «brutal carnicero», según se supongan sus conocimientos de Anatomía Humana o no, lo que, a todas luces, arroja una pista de vital importancia sobre la identidad del actor al Equipo de Investigación Criminal.

Asimismo, la coloración ósea puede ser un notable indicador sobre si el cadáver estuvo sepultado, o simplemente, sufrió el proceso de esqueletización al aire libre, dato este, de indudable valor investigativo.

Adicionalmente a los restos óseos propiamente dichos, para el Antropólogo Forense, son altamente significativos la cantidad y variedad de larvas y/o pupas de los insectos que conforman la Fauna Cadavérica (Entomología Forense), al igual que los restos de polvo y partículas microscópicas adheridas tanto en las ropas, como en las uñas de la víctima.

 Por medio de la Entomología Forense y su estudio de la «Fauna Cadavérica», podrá saberse con mucha exactitud, la Data de la Muerteépoca del año en que se produjo, lugares donde la víctima estuvo y/o alguno de sus hábitos o costumbres, resumiendo, un gran cúmulo de datos que componen el todo de la solución a la investigación.

Similarmente a las distintas clases de peritos, y tomando como ejemplo a los expertos en Biología –que levantan sus informes sobre las manchas de sangre-, al Investigador Criminal –tomando huellas in situ, manchas o presencia de esperma-, al experto en Toxicología –drogas, fármacos y demás sustancias tóxicas…-, el Antropólogo Forense, al detectar la presencia de un solo cabello adherido al cráneo, nos podrá determinar la edad, sexo, raza, aplicaciones de tintes y/o tratamientos capilares, etc.

 El Antropólogo Forense además de su esencial colaboración de casos de Investigación Criminal, tiene entre sus funciones de más envergadura, y siempre bajo el prisma de esta Disciplina, entre las muchas vertientes de la Antropología Forense; es la de estudiar y peritar la identificación y características sobre exhumaciones de personajes claves en la Historia Mundial, las Identificaciones en Grandes Catástrofes aéreas, ferroviarias, incendios, terremotos, etc.

Para finalizar este modesto artículo, no puedo sustraerme a incluir la definición que el insigne Maestro, Profesor y Doctor Don José Manuel Reverte Coma, nos facilita sobre estos grandes profesionales y la Ciencia que practican: «El Antropólogo Forense no es solamente un Perito especializado en una difícil rama del conocimiento Médico-Legal, sino, según nuestro criterio, es algo así como un “Sherlock Holmes” que tiene como especialidad “hacer hablar a los huesos”, un verdadero colaborador de la Justicia, formando parte integrante de ella. Es por eso que en muchos casos, a medida que nuestras técnicas van siendo conocidas, apreciadas y respetadas por la Administración de Justicia, nos desplazamos a un lugar con los investigadores, obtenemos un juego de fotografías del “hallazgo del cadáver”, y cambiamos impresiones con los colegas médicos forenses. Lo importante es que se llegue a la verdad de los hechos, dejando a un lado las competencias, las suspicacias, los protagonismos. Nosotros nos consideramos servidores de la Justicia y de quienes investigan el caso y nos gusta que se nos utilice al máximo de nuestras posibilidades».

 

DETERMINACIÓN DEL SEXO.

El diagnóstico del sexo se realiza correctamente en un 100% de los casos cuando se
cumplen las siguientes condiciones:

·        El esqueleto se encuentra completo y en buen estado de conservación.

·         El individuo es adulto

·        Se conoce la variabilidad morfométrica intragrupal de la población aque pertenece el espécimen.

Si se dispone solamente del cráneo, en un contexto poblacional desconocido o si el individuo es inmaduro, el grado de objetividad puede oscilar entre el 80-90%.
La cohorte entre los 15-18 años constituye la edad límite a partir de la cual la estimación sexual se aprecia con mayor exactitud, aunque existen excepciones a este límite ontogénico.

DETERMINACIÓN DEL SEXO EN INDIVIDUOS INFANTILES Y JUVENILES.

Los restos óseos inmaduros son bastantes frágiles y por tal razón, su conservación es muy precaria en el registro arqueológico. A raíz de estos inconvenientes se hace necesario introducir rasgos diagnósticos en huesos aislados, tales como la conformación del coxal definida por la escotadura ciática; la forma y prominencia del mentón y ángulo goniáco.

MANDÍBULA

a)    Pronunciamiento del mentón.

 En las niñas esta región no es prominente ni cuadrangular. La superficie del hueso es suave; visto desde arriba el mentón es tenue, angosto y algunas veces agudo.
En los niños, al contrario, el mentón es más prominente; los costados evidencian estructuras ligeramente elevadas y rugosas que se desvanecen distalmente en indotaciones poco profundas. Visto desde arriba el mentón es pronunciado y generalmente ancho y angulado en el sitio donde desemboca en el cuerpo mandibular.

b)    Forma del arco dental anterior.

 En las niñas los alvéolos frontales se disponen en un arco redondeado; los caninos habitualmente no sobresalen, delineando una forma parabólica brusca. En los niños el arco dental anterior es más ancho; los alvéolos caninos sobresalen con relación a los molares adyacentes, adquiriendo una forma en U.

c)    Eversión de la región goniáca.

 La superficie externa del cuerpo mandibular se alinea con el punto gonion en las niñas. En los individuos masculinos este ángulo es invertido, ligeramente sobresaliente.

ILION

a)    Angulo de la escotadura ciática.

 Para su observación el hueso se orienta en su cara ventral con el borde anterior de
la escotadura ciática alineado verticalmente. En las niñas la escotadura
conforma un ángulo mayor de 90°; en los niños la escotadura es más angosta y se
acerca a los 90°.

b)    Profundidad de la escotadura ciática mayor.

 El ilion se orienta por su cara dorsal alineando en un mismo plano la espina
ilíaca postero-inferior y el borde dorsal de la región acetabular. La
escotadura es poco profunda en las niñas; en los niños es profunda.

c)    El criterio del arco

El ilion se orienta en el mismo sentido de observación del ángulo; se traza una
línea imaginaria que continúe el borde anterior de la escotadura ciática. En
las niñas la línea cruza la superficie auricular; en los niños continúa por el
borde lateral de la superficie.

d)   Curvatura de la cresta ilíaca.

 El ilion se observa desde arriba y la superficie dorsal se alinea con un plano
horizontal. En las niñas la cresta conforma una S atenuada; en los niños la
curvatura es más pronunciada, delineando una S marcada. Schutkowsky (1993: 203)
considera que las bases de la estimación sexual en esqueletos inmaduros a
partir de los rasgos mandibulares y del ilion descritos anteriormente
suministra una adecuada exactitud en el diagnóstico comparable con la que se
aplica en restos de individuos adultos; además, que el observador no requiere
de una gran experiencia para aplicarlos.

INDIVIDUOS ADULTOS. 

CRÁNEO.

El cráneo se divide en bóveda craneal o neurocráneo y esqueleto facial o
esplacnocráneo, esta última diseñada biomecánica mente para resistir la presión
de los músculos masticatorios y para proteger los órganos sensoriales. La bóveda,
excluyendo la región glabelar recibe poca fuerza masticatoria pero la actividad
de la cintura escapular incide en el desarrollo de las líneas nucales. En la
adolescencia tardía los cambios en el esplacno cráneo se restringen
aparentemente a los muchachos mientras que las niñas retienen su aspecto
juvenil. El rostro masculino se alarga, los arcos superciliares (incluyendo los
senos frontales) se agrandan y el mentón se hace más prominente y cuadrangular;
la mandíbula presenta el mayor ritmo de crecimiento. Al incrementarse el grosor
de los arcos superciliares decrece la altura orbital, su borde superior se
torna grueso y la órbita en general adquiere una forma cuadrangular. La
escotadura supra orbital se torna más profunda y puede desembocar en un
agujero. Estos cambios conllevan también a modificaciones en la raíz y en el caballete
nasal, conduciendo a un descenso abrupto en la línea que une el frontal con los
huesos nasales en el punto nasion (Y’Edynak, Iscan 1993).

DETERMINACIÓN DEL SEXO A PARTIR DEL AGUJERO OCCIPITAL(SEGÚN HOLLAND, 1986)

La base craneal, especialmente la región occipital comprendida por el agujero
occipital y los cóndilos occipitales conforman una región diagnóstica
diferenciadora del patrón racial (Holland, 1986a) y del dimorfismo sexual (Holland,
1986b), a partir de una serie de dimensiones de los cóndilos (MWC, MLC), su
distanciamiento (MnD, MxlD, BcB) y del agujero occipital (LFM, WFM)(tabla
No.4). Sin embargo, en virtud de que los resultados de las investigaciones se
han obtenido de un grupo geográficamente homogéneo y limitado (St. Louis,
Missouri), los datos y parámetros propuestos hay que aplicarlos con precaución.
Su utilización es válida en fragmentos craneales que han conservado esta área
intacta y no existan otras fuentes de información.

Medidas utilizadas:

a)   Longitud del cóndilo occipital (MLC). Longitud máxima del cóndilo izquierdo,
obtenido en todo su eje longitudinal, extendido de borde a borde.

b)   Anchura del cóndilo occipital (MWC). Anchura máxima del cóndilo izquierdo
medido perpendicularmente al eje anterior, de borde a borde articular.

c)   Distancia mínima entre los cóndilos
(MnD).
 Distancia mínima
entre los bordes mediales de las superficies articulares de los cóndilos.

d)   Anchura bicondilar (BcB). Distancia máxima entre los bordes
laterales de las superficies articulares de los cóndilos.

e)   Distancia interior máxima entre los cóndilos (MxID). Distancia
máxima entre los bordes articulares mediales (equivalente a la anchura
intercondilar).

f)
Longitud del agujero occipital (LFM).
Longitud interna máxima
del agujero occipital en el plano sagital medio (No. 7 de Martin) entre
endobasion y opisthion.

g)   Anchura del agujero occipital (WFM).
Anchura interna máxima,
perpendicular a la medida anterior (No. 16 de Martin).

h)   Longitud del proceso condilar (LBP). Longitud máxima del proceso
basilar medida entre el basion hasta el punto medio de la sutura esfeno basilar.

i)    Distancia entre los agujeros poscondilares (canal condilarposterior) (DF). Distancia entre los centros de los respectivos
canales.

PELVIS

La pelvis adulta es el mejor indicador del sexo. En la adolescencia la pelvis
femenina se ensancha como una medida de preparación para el parto, alterando la
forma y el tamaño de muchas de sus partes, convirtiendo la cintura pélvica en
un indicador fidedigno al finalizar

la metamorfosis. De conformidad con el
dimorfismo sexual las mujeres poseen un cuerpo de menor tamaño que el hombre, y
por tanto un pubis y toda la pelvis generalmente más delgada y ligera;
horizontalmente observan mayor extensión mientras que verticalmente es más
corta.

Hasta la adolescencia la cintura pélvica
presenta el mismo tamaño y forma en muchachos y niñas. En estado adulto la
pelvis masculina es básicamente una continuidad de la forma juvenil. El lapso
de edad en que ocurren los cambios pélvicos es muy variable; la sínfisis púbica
femenina se aprecia algunas veces en niñas de edad dental de 8-9 años pero se
generaliza hacia los 14-15 años, cuando comienza a fusionarse el acetábulo y
erupcionan los segundos molares permanentes.

Iscan y Derried (1984; citados por Krogman e Iscan, 1986: 212)
desarrollaron un método visual para la determinación sexual en la articulación
sacro-ilíaca, que relaciona la mitad posterior del ilion y su articulación con
el sacro. Las diferencias sexuales en tres estructuras analizadas presentan,
según los autores, la siguiente dicotomía diferencial:

a.   Surco preauricular. En los individuos masculinos es muy raro.
En las mujeres es profundo, ancho y abarca una gran extensión del borde
auricular. Este surco puede desaparecer con la edad cuando se colapsa la
elevación auricular.

b.   Espacio posauricular. En los masculinos es angosto;
ocasionalmente se puede presentar una superficie art-cular adicional localizada
en la parte superior de la tuberosidad ilíaca que tiene forma ondulada. En las
mujeres el espacio es muy grande; los dos huesos no tienen contacto mutuo excepto
en la superficie auricular.

c.   Tuberosidad ilíaca. En el hombre se aprecia una estructura
ondulada. En las mujeres es más variable pero no incluye la forma ondulada;
generalmente, es aguda o puede estar ausente. Si ocurre éste último fenómeno se
manifiesta una gran fosa y la tuberosidad ilíaca se extiende a lo largo de la
cresta.

Los estudios sobre el dimorfismo sexual en el acetábulo del coxal han
deducido que éste es menor en tamaño y ubicado en una disposición más
frontalizada en los individuos femeninos. El sacro constituye otro hueso de
particular interés para el diagnóstico del sexo en virtud de su situación
posterior en la cintura pélvica. Durante la adolescencia temprana cuando se
fusionan las partes laterales con el cuerpo, el único sitio que incrementa la
anchura pélvica posterior y ensancha a su vez el sacro, son las superficies
alares de este hueso. La presencia de elementos epifisiales en los bordes
laterales del sacro, con módulos similares en la correspondiente superficie de
articulación ilíaca refuerza el planteamiento sobre el área de mayor
crecimiento en el sacro. En consecuencia el sacro femenino es más angosto y
tiene un índice de base-wing de Kimura (anchura del ala / anchura de la base
por 100) mayor en los tres grandes troncos raciales. Según Kimura (1982; tabla
citada por Krogman, Iscan, 1986:226) su relación sería la si-guiente (Base-wing
index):

1.    DETERMINACIÓN DE LA ESTATURA.

La estatura o talla de pie se define como la altura comprendida entre el vértex
(punto más elevado de la cabeza) al suelo, orientando al individuo en el plano
de Frankfort. Se suele medir mediante el antropómetro y se expresa en
centímetros. La estatura se usa como parámetro comparativo con las otras
medidas del cuerpo, exceptuando la cefálica, para definir la proporción entre
el tronco y las extremidades.

La estatura, además, se considera exclusiva de la especie humana por cuanto los
otros animales no asumen una postura erguida habitual fisiológica. Sus
dimensiones dependen de varios segmentos como el cefálico (altura
basibregmática), raquídeo (altura de la columna), pelviano y de las
extremidades inferiores. Cada uno contribuye a la talla del individuo en
consideración a la edad, sexo, ancestros (raza), condiciones socioeconómicas y
sicosociales y finalmente de las tendencias seculares (históricas).

Entre los factores
longitudinales y trasversales del crecimiento predominan los primeros. Según
Burt y Banks (1947; citados por Valls 1980:229) los valores de correspondencia
(expresados mediante el coeficiente de correlación r) entre la estatura y los
distintos segmentos longitudinales se aprecian significativamente con la
longitud de la pierna (0,864), la talla sentado (0,732) la longitud del brazo
(0,677) y del muslo (0,608). Por tal razón, en el cálculo de la estatura a
partir de las dimensiones del esqueleto se aplica preferencialmente las
longitudes de la extremidad inferior, la columna y la extremidad superior.
Según Martin y Saller (1957) las estaturas se pueden clasificar mediante los
siguientes intervalos

1.1.  EL MÉTODO ANATÓMICO DE RECONSTRUCCIÓN DE LA ESTATURA

La mayoría de autores que han analizado las dificultades prácticas adyacentes a la
reconstrucción de la estatura, ha expresado sus reservas sobre la aplicación de
fórmulas de regresión que permitan la obtención de estimaciones apropiadas en
muestras esqueléticas (Formicola, 1993). Las fórmulas se basan, generalmente,
en coeficientes de correlación entre la longitud de los huesos largos y la
estatura publicada a finales del siglo XIX (Manouvrier, Pearson) y principios
del siglo XX (Hrdlicka). Otros utilizan la totalidad de huesos implicados en la
sumatoria estatural, incluyendo el segmento cefálico, raquídeo y las
extremidades inferiores. En este sentido, el consenso general le atribuye al
método anatómico los mejores resultados, aunque no es aplicable en ausencia de
todos los segmentos requeridos.

Las medidas básicas para la aplicación del método anatómico en la reconstrucción de
la estatura según Fully (1956) son los siguientes:

a.    Altura basi-bregmática del cráneo (No.
17 de Mar-tin).

b.    Altura máxima de la línea media de los
cuerpos vertebrales entre C2 (cervical) y L5 (lumbar).

c.    Altura anterior del S1, obtenida en su
línea media.

d.    Longitud bicondilar (fisiológica) del
fémur (CD)

e.    Longitud de la tibia sin la eminencia
intercondilar. Se mide en la tabla osteométrica de Broca que posee una columna
vacía en la pared fija y excluye la eminencia intercondilar.

f.     Se puede obtener una buena aproximación
al promediar la longitud cóndilo-maleolar, medida a ambos lados de la eminencia
intercondilar en una tabla osteométrica estándar.

g.   Altura del talón y calcáneo articulados. Corresponde a la distancia entre la parte
superior de la tróclea y la plantar del calcáneo, en su contacto con la pared
vertical de la tabla osteométrica estándar.

Fully y Pineau (1960) sugerían un ajuste a la estatura esquelética mediante la
fórmula:

Estatura (cm)= estatura esquelética + 10,8±2,015 k

La aplicación de esta fórmula a individuos de sexo femenino y a otros grupos
raciales no es adecuada por cuanto se dedujo de franceses masculinos. Por tal
razón, propusieron las siguientes fórmulas generales:

Estatura (cm) = 2,09 (F + L1-L5) + 42,67 ± 2,35 k

Estatura (cm) = 2,32 (T + L1-L5) + 48,63 ± 2,54 k

1.2.  ESTIMACIÓN MÉTRICA DE LA ESTATURA.

Para evitar los sesgos en la reconstrucción de la estatura se
recomienda calcularla a partir de la combinación de varios huesos,
particularmente de aquellos que utilizan la sumatoria del fémur y de la tibia.
Al emplear huesos individuales se prefiere el fémur para caucasoides y
mongoloides y la tibia para negroides, en virtud de las diferencias en la
proporción de los segmentos de la pierna en los grupos raciales; el segmento
inferior (tibial) es más largo proporcionalmente en negroides; en los
amerindios la proporción pierna / muslo es diferente, con una pierna mayor
(tabla No. 835 de Krogman e Iscan 1986:344; Genovés, 1964). Así mismo, la
extremidad inferior (fémur y tibia) supera en resultados positivos a la
superior (húmero, cúbito, radio).

La magnitud del margen de error en la estimación de la estatura ha sido
también objeto de análisis. Pearson sugería que las diferencias no eran
inferiores a los 2,0 cm, aunque podrían llegar a 2,66 cm si solamente
disponemos del radio. Al tomar la desviación estándar (S.D.) de 3,2 cm
propuesta por Pearson para el fémur, obtenemos una probabilidad aceptable de
1: 22 para la estimación de una estatura
dentro del rango de dos desviaciones estándares (2 S.D. = 68%). Así, para una
estatura de 180 cm el rango de variación aceptable sería de 2 S.D. = 173,6 –
184,4 cm, con una amplitud de 12,8 cm.

En cuanto al nivel de representatividad estadística de las fórmulas cabe subrayar
que la mayoría se han obtenido de muestras pequeñas (Pearson, Telkkä, Dupertuis
and Hadden, Genovés) y por consiguiente las ecuaciones de Trotter – Gleser
constituyen las más apropiadas en la reconstrucción de la estatura.

La longitud del fémur y tibia corresponde a la máxima; para examinar la estatura
de individuos de edad se sustrae el factor 0,06 x (edad en años -30) cm; para
estimar la estatura en cadáver se añade 2,5 cm.

Indígenas mesoamericanos (Genovés, 1967)

Varones Mujeres

2,26 * (fémur ) + 66,38 +/- 3,42 2,59 *
(fémur) + 49,74 +/- 3,82

1,96 * (tibia) + 93,75 +/- 2,81 2,72 *
(tibia) + 63,78 +/- 3,51

En esta última fórmula la longitud del fémur corresponde a la máxima; en la tibia
no se incluye la tuberosidad.

1.3.  RECONSTRUCCIÓN DE LA ESTATURA EN HUESOS
FRAGMENTADOS.

Los esqueletos expuestos al aire o a la acción de depredadores y los enterrados en
suelos ácidos, presentan frecuentemente un grado de descomposición tal que
muchos de sus huesos largos y particularmente las vértebras se fragmentan,
impidiendo la reconstrucción de la estatura según métodos tradicionales
(anatómicos y métricos). En tales situaciones se recomienda la utilización de
métodos que tengan en cuenta el estado de fragmentación del material óseo.

Steele y Mckern (1969) afinaron el método de Müller para el cálculo de la estatura en
huesos fragmentados basado en el porcentaje de cada segmento en la composición
total del hueso. Cada hueso se divide en segmentos según los siguientes puntos:

a.    Fémur

·        El punto más proximal de la cabeza del fémur.

·        El punto medio en el trocánter menor.

·        La extensión más proximal de la superficie poplítea en el lugar donde las líneas
supracondilares medial y lateral se separan paralelamente, por debajo de la
línea áspera.

·        El punto más proximal de la fosa intercondilar.

·        El punto más distal del cóndilo medial.

Mediante estos cinco puntos
se obtienen cuatro segmentos (F1, F2, F3, F4).

b.    Tibia

·        El punto más proximal de la eminencia intercondilar.

·        El punto más proximal de la tuberosidad tibial.

·        El lugar de confluencia de las líneas que se extienden desde el borde inferior de
la tuberosidad.

·        El lugar donde la cresta anterior de la tibia se cruza sobre el borde medial del
eje por encima del maléolo medial (la medida se realiza en el punto donde la
cresta se cruza con la sección media del eje).

·        El borde proximal de la facie articular inferior (medida desde el punto opuesto al
maléolo medial).

·        El punto más distal sobre el maléolo medial.

Con estos puntos se obtienen 5 segmentos
en la tibia ( T1, T2, T3, T4, T5).

1.4.  RECONSTRUCCIÓN DE LA ESTATURA EN
ESQUELETOS INMADUROS

La estimación de la estatura en individuos inmaduros se complica por la ausencia
de las epífisis y por tanto, por la dificultad en la medición del hueso total.
Este problema se puede obviar si se le añaden las alturas de las epífisis
distal y proximal a la longitud de la diáfisis. En el húmero la epífisis
proximal equivale a un 13-22% del total del hueso; en la tibia la epífisis
proximal varía entre 2,4 – 3,9% y la distal entre 1,8 – 2,9% (Krogman, Iscan,
1986:334). Uno de los estudios más completos concernientes a la recons-trucción
de la estatura en intrauterinos fue elaborado por Fazekas y Kósa (Krogman,
Iscan Op. cit), quienes propusieron varias formulas de regresión a partir de la
longitud diafisial de los huesos:

Balthazan y Dervieux (1921, citados por Krogman, Iscan, 1986) sugieren que la edad del
feto se puede calcular en días a partir de la estatura. Edad = 5,6 x estatura
fetal Ortner y Putschar (1981) utilizan una longitud de 80 mm en el fémur como
criterio distintivo entre el material fetal (menor de 80 mm) y el postfetal
(mayor de 80 mm). La ausencia del calcáneo, talón, cuboideo y las epífisis
distales del fémur, proximal de la tibia, proximal del húmero son también
indicativos de una edad fetal. Para el cálculo de la estatura en material
amerindio se recomienda la utilización de las tablas de Ubelaker (1989).
Finalmente, en la reconstrucción de la estatura fetal e infantil incide la tasa
de crecimiento desigual en los primeros años de vida lo que a su vez modifica
los resultados, particular-mente de las etapas iniciales. Infancia temprana
(nacimiento hasta los 6 años). En los primeros años se presenta un crecimiento
muy rápido que se desacelera gradualmente. Infancia media (6-10 años).
Crecimiento lento y uniforme; Infancia tardía (10-15 años en niñas; 10-16 años
en niños). Crecimiento puberal muy rápido. Crecimiento infradulto (hasta los 21
años). Se carac-teriza por cuanto a esta edad se obtiene el 95% de la estatura
adulta.

CONCLUSIONES

·        La edad al morir. Para le estimación de la edad
se recomienda la aplicación del método complejo y la seriación, promediando los
cálculos obtenidos a partir de la observación de la terminación esternal de la
cuarta costilla, la superficie auricular del ílion, la sínfisis púbica, la
atrición dental, el grado de sinostosis de las suturas craneales, los cambios
radiográficos y la variación histomorfométrica, para los casos adultos. Cuando
se trata de un individuo inmaduro se promedian los resultados de la observación
de la metamorfosis de las epífisis de los huesos largos y la formación y
erupción dental.

·        El diagnóstico del sexo. Aunque el dimorfismo
sexual se aprecia mejor en individuos adultos, recientemente se han introducido
procedimientos que permiten una aproximación al sexo en individuos inmaduros.
Se recomienda complementar la observación morfológica del grado de desarrollo
de las inserciones musculares del cráneo y pelvis, con mediciones de regiones
craneofaciales, neurocraneales y de la pelvis del esqueleto en estudio. Las
estadísticas evidencian igualmente que aproximadamente un 85% de los
desaparecidos pertenece al sexo masculino. Por tal razón, si se dictamina sexo
femenino a un individuo se está descartando más del 85% de las posibles
víctimas.

·        La reconstrucción de la estatura. Depende del
diagnóstico del sexo, edad y patrón racial. En este paso se recomienda aplicar
los métodos anatómicos de reconstrucción de la estatura y la utilización de
fórmulas de regresión apropiadas de huesos combinados del fémur y tibia.
Facilita el descarte de individuos muy altos o muy bajos.

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Tomás Sevilla