Saltar al contenido

VICTIMOLOGIA

Tipos de víctimas

Como ciencia que estudia a las víctimas de infracciones penales, numerosos autores han realizado diversas clasificaciones sobre tipologías de víctimas. 
Una de ellas es la de Jiménez de Asúa, quien divide a las víctimas en:

1. Víctima determinada

Se considera como tal aquella que es escogida voluntariamente por el criminal, no siendo su elección producto del azar. Un ejemplo serían los crímenes pasionales, venganzas o crímenes llevados a cabo por familiares o allegados.

2. Víctima indiferente

Escogida al azar. El crimen podría realizarse con cualquier otra persona sin que ello produjera ningún cambio en el criminal. Un ejemplo de ello podrían ser el fraude o los timos, como los trileros. También se observa en algunos actos criminales llevados a cabo por psicópatas y asesinos en serie.

3. Víctima resistente

Aquella víctima que es capaz de presentar resistencia y defenderse, o que es atacada a causa de o a sabiendas de que el sujeto iba a defenderse.

4. Víctima coadyuvante

No siempre que se da una situación en que un sujeto es víctima de un crimen éste es un sujeto sin vinculación con el hecho criminal. De este modo, existen víctimas que participan de forma activa en el delito, si bien es posible que actúe bajo coacción.
 
HISTORIA DE LA VICTIMOLOGIA
 
Las primeras nociones victimológicas no fueron desarrolladas por criminólogos o sociólogos, sino más bien por poetas, escritores y novelistas. Thomas de Quincey, Khalil Gibran, Aldous Huxley, el Marqués de Sade, Franz Werfel, son sólo algunos de los escritores que pueden ser descritos como victimólogos literarios. 
 
El primer tratamiento sistemático de las víctimas del crimen apareció en 1948 en el libro de Hans Von Hentig El criminal y su víctima. En la cuarta parte del libro, bajo el provocativo título Contribución de la víctima a la génesis del delito, Von Hentig criticó el estudio estático unidimensional del delincuente que había dominado la criminología hasta entonces. En su lugar, sugirió un nuevo enfoque dinámico y diádico que presta la misma atención al criminal y la víctima. Von Hentig había tratado el tema anteriormente en un artículo publicado en la Revista de Derecho Penal y Criminología en 1940/41. 
 
En el mismo, él señaló que: Es cierto, hay muchos actos criminales con poca o ninguna contribución por parte del individuo perjudicado… Por otro lado frecuentemente podemos observar una reciprocidad real en la conexión de autor y víctima, asesino y asesinado, chulo e incauto. Aunque esta operación recíproca es uno de los fenómenos más curiosos de la vida criminal ha escapado a la atención de los socio-patólogos. 
 
En su libro Von Hentig señala que: La ley considera ciertos resultados y los movimientos finales que conducen a ellos. Aquí se hace una clara distinción entre el que hace y el que sufre. Mirando en la génesis de la situación, en un número considerable de casos, nos encontramos una víctima que consiente tácitamente, coopera, conspira o provoca. La víctima es uno de los elementos causantes. (pág. 436) Von Hentig insistió en que muchas de las víctimas del crimen contribuyen a su propia victimización, ya sea por incitar o provocar a los criminales o creando o fomentando una situación propicia que pueda dar lugar a la comisión del delito. 
 
Otros pioneros en la victimología, que creían firmemente que las víctimas pueden, consciente o inconscientemente jugar un papel causal, describen muchas de las formas que pueden adoptar estas contribuciones: negligencia, descuido, temeridad, imprudencia, y así sucesivamente. Señalaron que el rol de la víctima podría tener un efecto motivacional (atrayendo, despertando, induciendo, incitando, tentando) o funcional (provocando, precipitando, desencadenando, facilitando, participando) (Fattah, 1991).  
 
El libro de Von Hentig fue seguido por una serie de estudios teóricos que tratan sobre tipos de víctimas, relaciones víctima-delincuente y la función que las víctimas juegan en ciertos tipos de delitos. El libro también impulsó diversos estudios empíricos que prestaron especial atención a las víctimas de determinados delitos, como el homicidio criminal, (Wolfgang, 1958; Fattah 1971), violación (Amir, 1971), robo (Normandeau, 1968), asalto agravado (Pittman y Handy, 1964; Curtis, 1974), fraude (Padowetz, 1954), chantaje (Hepworth, 1975), entre otros. 
 
El término victimología fue acuñado en 1949 por un psiquiatra estadounidense, Frederick Wertham, quien lo utilizó por primera vez en su libro El espectáculo de la violencia, en el que destacó la necesidad de una ciencia de la Victimología. Durante los primeros años de la victimología, la literatura sobre las víctimas de delitos permaneció relativamente reducida en comparación con la de criminología. Durante los años 80 del pasado siglo, sin embargo, una gran ola de importantes libros y artículos marcó la mayoría de edad de la victimología (Rock, 1994). En la actualidad, es justo decir que el estudio de las víctimas de delitos se ha convertido en una parte integral de la criminología. 
 
Hoy en día, la necesidad de la criminología de estudiar a fondo las víctimas de la delincuencia puede parecer obvia e incontrovertible. Puede parecer sorprendente, por lo tanto, que una necesidad tan obvia haya escapado a la atención de los criminólogos durante más de un siglo. Pero no es raro que los científicos sociales olviden lo obvio. Esta cuestión está bien tratada por Rock (1994: XI), quien señala: Incluso la criminología y la sociología de la desviación –disciplinas concentradas más de lleno en el análisis del crimen, los criminales y la justicia penal– tendieron de alguna manera a borrar a la víctima durante mucho tiempo, no viendo lo que, en retrospectiva, debería probablemente haber sido evidente desde el principio. Tales omisiones ocurren continuamente. 
 
Forman parte inevitable de cualquier disciplina, como consecuencia de la verdad señalada por Burke cuando dijo que “una forma de ver es siempre una manera de no ver”. El precio de la organización, especialización y acumulación de conocimiento sobre cualquier área es un descuido sistemático de las demás cuestiones lanzadas fuera de foco y más allá de los márgenes. Precisamente porque la criminología es una disciplina empíricamente orientada, se ha tendido a ignorar las cosas que no llevan el nombre de delito, delincuentes y justicia criminal. 
 
Aunque la victimología se ha establecido ya firmemente como una de las principales áreas de investigación dentro de la criminología, su naturaleza, importancia y situación siguen generando una gran cantidad de comentarios y polémica. Rock (1994: xi) describe la victimología como una “disciplina relativamente amorfa”. Y en el Quinto Simposio Internacional de Victimología (Zagreb, agosto de 1985), Cressey declaró abiertamente que la victimología no es una disciplina científica, ni un campo académico. 
 
Él la llamó en cambio “un programa no académico bajo el que se han agrupado arbitrariamente una mezcolanza de ideas, intereses, ideologías y métodos de investigación”. Sea como fuere, el estudio de las víctimas y la victimización tiene el potencial de remodelar toda la disciplina de la criminología. Podría muy bien ser el tan esperado cambio de paradigma que la criminología necesita desesperadamente dado el rotundo fracaso de sus paradigmas tradicionales: la búsqueda de las causas del delito, la disuasión, rehabilitación, tratamiento, justo castigo, etc.
 
EVOLUCION DE LA VICTIMOLOGIA
 
En los 70 del siglo XX, los estudios individuales de las víctimas de delitos específicos, populares en las primeras etapas de la victimología, fueron eclipsados por las encuestas de victimización a gran escala que transformaron el micro enfoque en un macro enfoque. 
 
El objetivo principal de estas encuestas era determinar el volumen de la victimización, para identificar a la población víctima, y para establecer las características socio-demográficas de las víctimas de delitos. 
 
Si bien este enfoque macro demostró ser muy útil para el estudio de las tendencias y patrones de victimización, y para el análisis de la distribución espacial y social de algunos tipos de delitos, el mismo reveló muy poco sobre las situaciones sociales y personales en las que tuvieron lugar estos delitos. 
 
Era de un valor limitado para la comprensión de la psico y sociodinámica del comportamiento criminal, el proceso de selección de las víctimas, las interacciones entre víctimas y delincuentes, el papel dinámico de la víctima en diversos delitos, y así sucesivamentev . De Victimología teórica a Victimología Aplicada En los últimos veinticinco años, la victimología ha sufrido una gran transformación. 
 
La victimología temprana era fundamentalmente teórica, preocupada casi exclusivamente por las explicaciones causales del delito y el papel de la víctima /// en esas explicaciones. Se centró principalmente en las características de las víctimas, sus relaciones e interacciones con sus victimarios, y el análisis de la conducta de la víctima como una variable situacional, como un factor desencadenante, actualizante o precipitante. 
 
Este marco teórico, propuesto por Von Hentig, guió la investigación pionera realizada por Ellenberger, Wolfgang, Amir, Normandeau, Curtis, Silverman y Fattah entre otros (véase arriba). La preocupación por la difícil situación de las víctimas de delitos se podía encontrar principalmente en los modestos programas de indemnización estatal a las víctimas de delitos que se establecieron en algunos países como Nueva Zelanda, Inglaterra, Canadá y los EE.UU. 
 
El redescubrimiento de las víctimas de delitos, encabezado por el movimiento feminista, un movimiento que defendió la causa de las víctimas de violación, asalto sexual y violencia doméstica, generó una gran cantidad de empatía y simpatía hacia un grupo largo tiempo privado de sus derechos (Fattah, 1978, 1994a). 
 
La victimología teórica se convirtió en objeto de ataques injustificados y críticas ideológicas sin fundamento. Fue interpretada por algunos (Clark y Lewis, 1977) como “el arte de culpar a la víctima”. Fue tomando forma un nuevo enfoque para la victimología: ayudar y asistir a las víctimas de delitos, aliviar su penosa situación y afirmar sus derechos. 
 
Nació un movimiento político y la victimología fue cada vez más definida y reconocida a través de su componente aplicado. Los encuentros de Victimología reflejaban la transformación de la victimología desde una disciplina académica en un movimiento humanista, el paso de la investigación académica al activismo político. Estas reuniones a menudo se convirtieron en plataformas para la defensa en favor de las víctimas. 
 
Esta transformación de la victimología tuvo serias implicaciones. Una de las consecuencias fue la de reorientar el concepto de la criminalidad sobre los delitos convencionales que tenían una víctima directa, inmediata, tangible. Los delitos de cuello blanco, acciones corporativas que causan graves daños sociales, legalmente definidas o no como delitos, fueron una vez más relegadas a un segundo plano. 
 
La metamorfosis también tuvo un impacto negativo en la política criminal. Ayudó a reforzar primitivas reacciones vengativas frente a la delincuencia y dio mucho fuelle a los políticos conservadores, permitiéndoles en consecuencia poner en práctica su agenda punitiva.
 
 
VICTIMOLOGÍA HOY 



 
La victimología hoy es muy diferente de la victimología en los años 50 o 60 del s. XX. Las disciplinas científicas experimentan una constante evolución, aunque el ritmo de cambio puede variar de una disciplina a otra. La Victimología ha experimentado una evolución no sólo rápida sino también más fundamental en las dos últimas décadas. 
 
Las décadas de los años 80 y 90 podrían fácilmente describirse como un período de consolidación, recopilación de datos y teorización, con nueva legislación, compensación a las víctimas, reparación y mediación, ayuda, asistencia y apoyo para posibilitar a las víctimas recuperarse de los efectos negativos de la victimización. 
 
Consolidación 
 
En los últimos años, la disciplina de la victimología se ha establecido firmemente en el ámbito académico. Ha habido un incremento sustancial en el número de universidades y colegios que ofrecen cursos de victimología y temas relacionados. 
 
Se han publicado numerosos libros y artículos en diferentes idiomas y, además de varias publicaciones periódicas en los idiomas locales, la Revista Internacional de Victimología, en inglés, fue difundida por AB Academic Publishers en Gran Bretaña. 
 
Se han establecido una serie de sociedades nacionales y regionales de victimología. Japón ha sido un líder en este sentido, gracias a los incansables esfuerzos del victimólogo de renombre mundial, el profesor Koichi Miyazawa, y un dinámico grupo de sus discípulos y seguidores. La Sociedad Mundial de Victimología sigue manteniendo sus simposios internacionales, una vez cada tres años. El último, el noveno de la serie, se celebró en Amsterdam en agosto de 1997 y atrajo a un número récord de participantes. 
 
Con todo ello, la victimología ya no causa asombro o simple curiosidad, sino que se está convirtiendo poco a poco en una palabra familiar. Esto se ve facilitado por la amplia cobertura que las noticias de crímenes y asuntos de víctimas están recibiendo en los medios de comunicación, por la gran publicidad que están recibiendo los programas para víctimas y por la proliferación de servicios a las víctimas y programas de asistencia a las víctimas en muchos países. 
 
Los últimos veinte años han sido testigos de la creación y extremadamente rápida expansión de servicios a las víctimas. Los programas de asistencia a las víctimas, totalmente inexistentes hace un par de décadas, se han multiplicado en todo el mundo, desde Australia a Europa, de Sudamérica a Asia, y de las grandes Islas de Japón a las relativamente pequeñas Islas Canarias. 
 
Uno de los avances más importantes en el campo de la victimología en los últimos veinte años ha sido la aprobación formal por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 11 de noviembre de 1985 de la “Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y de Abuso de Poder”. 
 
Al adoptarla, la Asamblea General declaró que era “Consciente de que millones de personas en todo el mundo sufren daños como resultado de delitos y abuso de poder y que los derechos de estas víctimas no han sido reconocidos en forma adecuada”. 
 
La recopilación de datos y formulación de teoría 
 
Una de las tareas principales de la victimología teórica es recoger datos empíricos sobre las víctimas de delitos. El principal instrumento utilizado en la actualidad para recopilar esta información son las encuestas de victimización, realizadas a nivel local, regional, nacional e internacional. Dignas de señalar entre estas encuestas son las que se llevan a cabo sobre bases regulares, a intervalos regulares, en Inglaterra y los EE.UU.: la British Crime Survey [Encuesta Británica sobre el Delito], y la National Crime Survey [Encuesta Nacional sobre el Delito] (Estados Unidos). Cada una de estas encuestas arroja una gran cantidad de información sobre las víctimas de delitos. 
 
Ambas permiten un análisis exhaustivo de los patrones y las tendencias temporales y espaciales de los distintos tipos de victimización. El objetivo original de estas encuestas, es decir, contar la victimización, se ha ampliado en gran medida. Se han agregado varias preguntas nuevas al instrumento en los últimos años, con el fin de explorar áreas anteriormente no cubiertas como los niveles de miedo al delito, los niveles de satisfacción con la actuación de la policía, las razones para no denunciar el incidente a la policía, las consecuencias de la victimización, etc. 
 
Las encuestas examinan además las medidas adoptadas por los encuestados para prevenir ciertos tipos de delitos, o para reducir al mínimo las posibilidades de futuras victimizaciones. Algunos estudios han tratado de establecer cualquier relación que pueda existir entre la delincuencia y la victimización mediante la inclusión de preguntas solicitando a los encuestados el autoinforme de actos delictivos que puedan haber cometido. Estas últimas preguntas han revelado una fuerte interrelación entre la delincuencia y la victimización. 
 
En su encuesta de Londres, Inglaterra, Sparks, Genn y Dodd (1977) encontraron a las víctimas de delitos violentos significativamente más propensas que los no-víctimas a autoinformar de la comisión de delitos violentos. Gottfredson (1984) analizó los datos de la British Crime Survey de 1982 y le impresionó la relativamente fuerte interrelación entre la delincuencia y la victimización. Para las personas con al menos un delito violento auto-informado, la probabilidad de victimización personal fue el 42 por ciento, o siete veces la de las personas que no refieren delitos violentos autoinformados. 
 
La Encuesta Británica sobre el delito de Escocia (Chambers y Tombs, 1984) reveló que el 40 por ciento de los encuestados que admiten [haber realizado] un acto de asalto fueron ellos mismos víctimas asaltadas durante el mismo período. A pesar de los problemas metodológicos y prácticos de las encuestas de victimización, y a pesar de sus limitaciones, han permitido a los investigadores recopilar una gran cantidad de datos sobre las víctimas de la delincuencia que es extremadamente rica en variedad y detalle. Gracias a las encuestas de victimización, ahora sabemos que la delincuencia y la victimización se agrupan dentro de ciertos grupos y ciertas áreas, y que hay mucha más afinidad entre los delincuentes y las víctimas de lo que se cree comúnmente.
 
Esto no quiere decir que todas las víctimas de la delincuencia compartan los atributos de sus victimarios. Es sólo para subrayar que las dos poblaciones tienen varias características comunes. Ya sea en Europa, los EE.UU., Canadá o Australia, la investigación ha demostrado que los delincuentes involucrados en los tipos de delitos cubiertos por las encuestas victimización son desproporcionadamente varón, joven, residentes urbanos, del nivel socioeconómico más bajo, desempleados (y no en la escuela), no casados, y en los EE.UU., negros. 
 
Las encuestas de victimización han revelado que las víctimas de manera desproporcionada comparten estas características y que los perfiles demográficos de las víctimas de delitos y de delincuentes convictos son sorprendentemente similares (Gottfredson, 1984). Varios investigadores (Hindelang et al., 1978; Singer, 1981) descubrieron que, particularmente en los delitos de asalto, víctimas y delincuentes estaban relacionados en sus características demográficas y en términos de ciertas respuestas comunes ante situaciones percibidas de amenaza física o psicológica. 
 
Es comprensible que la frecuencia con la que algunos individuos se involucren en situaciones propensas a la violencia afecta tanto a sus posibilidades de uso de la violencia como de ser receptores de la violencia, de atacar y ser atacado, de herir y ser herido, de matar y ser matado. Quién va a terminar siendo la víctima y quién se considere legalmente delincuente depende, a menudo, de factores de oportunidad más que de una acción deliberada, planificación, o intención. Por lo tanto, los roles de víctima/ agresor no son necesariamente antagónicos pero son frecuentemente complementarios e intercambiablesvii (Fattah , 1994b). 
 
Un paso importante en el camino hacia la victimología comparada se alcanzó con las Encuestas Internacionales de Victimización. Las encuestas fueron un intento útil para recoger datos sobre victimización estandarizados de un número de países que utilizan el mismo cuestionario en cada país. Su principal objetivo era evitar los problemas de la comparación de los datos recogidos por medio de diferentes instrumentos utilizando diferentes metodologías. 
 
Los datos de campo de la primera encuesta internacional sobre la delincuencia se reunieron en enero de 1989 utilizando el método de entrevista telefónica asistida por ordenador (CATI) y los resultados se publicaron en 1990 (Van Dijk et al.). Una segunda ronda de la Encuesta Internacional del Delito se llevó a cabo en1992. Algunos de los países que participaron en la primera encuesta, como Suiza, Noruega e Irlanda del Norte, no participaron en la segunda. Pero la segunda encuesta incluyó algunos países de Europa del Este que no participaron en la primera, como Polonia y la antigua Checoslovaquia (ver Del Frate et al., 1993). 
 
La tercera barrida de la Encuesta Internacional de Víctimas del Delito se llevó a cabo en 1996-97 en veinte países en transición. Estos fueron los antiguos países socialistas de Europa del Este, desde Polonia a Mongolia en el este, y de Albania, Bulgaria y Macedonia en el sur a los países Bálticos, Estonia, Letonia y Lituania en el Norte. Los informes nacionales de este estudio fueron publicados en 1998 por el Instituto Interregional de las Naciones Unidas y la Justicia (UNICRI) (Hatalak et al.). 
 
A pesar de la proliferación de las encuestas de victimización y su incuestionable utilidad, aún no está claro lo que miden exactamente y cuáles son sus objetivos a largo plazo. La victimización es una experiencia individualviii, subjetiva y culturalmente relativa (Fattah, 1993b). El sentimiento de ser víctimas no siempre coincide con la definición legal de la victimización. Entonces ¿qué tratan de medir exactamente las encuestas de victimización? ¿Es su objetivo contar aquéllas victimizaciones criminales que cumplen con los criterios establecidos por el código penal, o se trata de medir las experiencias subjetivas de la victimización de los encuestados? 
 
Estas, no hace falta decirlo, son dos realidades diferentes. ¿Son las encuestas dise- ñadas para evaluar la delincuencia o la victimización? Los títulos ‘encuesta sobre el delito’ y ‘encuesta de victimización’ se siguen utilizando indistintamente (Fattah, 1997a) y la última encuesta internacional fue llamada la Encuesta Internacional de Víctimas del Delito.
 
Servicios a las víctimas 
 
Los últimos veinte años han presenciado un desarrollo sin precedentes en el campo de los servicios a las víctimas. Los servicios a las víctimas han sido llamados la industria creciente de la década. La expansión de los programas de servicios a las víctimas de la delincuencia en los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y muchos otros países ha sido cuando menos fenomenal (Fattah, 1992b: 260). En 1990, Davis y Henley estimaron que el número de programas de servicios a las víctimas en los Estados Unidos estaba por encima de 5000, mientras que 20 años antes no había ninguno (p.157). La mayoría de los programas de asistencia, en particular aquellos alojados en departamentos de policía, remiten a las víctimas, de acuerdo a sus necesidades, a los servicios existentes en la comunidad. Algunos también proporcionan a las víctimas ayuda de urgencia necesaria: reemplazar una ventana rota, una cerradura dañada, el arreglo de un coche destrozado, conducción, limpieza, compras, ayuda con los niños y demás. 
 
También hay varios programas que ofrecen ayuda especial a ciertas categorías de víctimas, por ejemplo, víctimas de violación, niños víctimas de asalto sexual, víctimas de violencia familiar, etc. Actualmente están operando centros de crisis por violación y refugios para mujeres maltratadas en muchos lugares. En general, sin embargo, los dos servicios más importantes prestados a las víctimas de delitos por los programas de asistencia a las víctimas son información y apoyo moral. A pesar de los enormes progresos, aún queda mucho por hacer. Maguire y Pointing (1988: 37) señalan que el apoyo a las víctimas continúa siendo esencialmente una “base”, trabajo de bajo presupuesto que depende de la buena voluntad y el esfuerzo de voluntarios. 
 
Shapland, Willmore y Duff (1985: 178) sostienen que los grandes proyectos destinados a satisfacer las necesidades de las víctimas fueron establecidos sin tener en cuenta, o incluso investigar, las necesidades expresadas de las víctimas. Rock (1990: 408) insiste en que los intereses de las víctimas nunca fueron la motivación o fuerza motriz tras la movilización las nuevas iniciativas para ayudar a las víctimas. Mawby y Gill (1987: 228) detectaron un enfoque derechista, de ley y orden en el sistema de apoyo a las víctimas por voluntarios. Expresaron su preocupación de que las víctimas de delitos pueden convertirse en “las víctimas de la conveniencia política”. Mientras Elias (1983a: 120) afirma que los servicios a las víctimas realmente sirven a las necesidades oficiales y no a las necesidades de las víctimas.
 
 EL FUTURO DE LA VICTIMOLOGÍA. 
 
Hacia un enfoque realista En base a la revisión anterior del pasado de la victimología y de su estado actual, ahora debería ser posible identificar algunas posibles tendencias futuras. Una transición del Idealismo Utópico al Realismo Duro La gente con la edad se vuelve más sabia y más pragmática. Se establece un cierto realismo, provocado por la dura realidad de sus experiencias vitales, por decepciones y contratiempos, por una mejor comprensión de lo que es posible y lo que no, por lo que puede y no puede ser alcanzado. Gradualmente, aprenden a abandonar los sueños utópicos y optan en su lugar por objetivos más alcanzables. 
 
Esta transformación es probable que tenga lugar en la victimología, una vez que muchos de los jóvenes activistas de hoy en día se dan cuenta de que algunas de sus bienintencionadas demandas no son ni razonables ni prácticas, y es probable que conduzcan, en caso de aplicarse, a un sistema de justicia inequitativo, injusto, y parcial. La criminología ha sufrido una transformación similar. Los años 1960 y 1970 fueron las décadas en que el romanticismo y el idealismo en criminología alcanzaron su punto máximo, encabezado por los llamados “nuevos criminólogos”. 
 
Los sueños de la época se hicieron añicos con la llegada de una era de conservadurismo provocada por la elección de jefes de gobierno simples, de pensamiento primitivo: Reagan, Thatcher y Mulroney, por nombrar sólo algunos. Para sorpresa de nadie, el idealismo de los “nuevos criminólogos”, su optimismo exagerado, dio paso a lo que se dio en llamar “realismo de izquierda” o “realismo radical”. La criminología realista rompió “con las concepciones románticas e idealistas que se habían transmitido por la criminología radical” (Matthews y Young, 1986: 1; véase Fattah, 1997a: 265). Parece no sólo posible sino también muy probable que un desarrollo parecido ocurrirá en victimología. 
 
En su intento de llamar la atención sobre el sufrimiento de la víctima, y para lograr sus objetivos políticos e ideológicos, los líderes del lobby de víctimas se han negado constantemente a reconocer que la victimización es un fenómeno normal y natural, un hecho de la vida, retratándolo en cambio como un fenómeno patológico y anormalix. Ellos han rechazado categóricamente cualquier afirmación, incluso cuando sea apoyada por evidencia empírica irrefutable, de que los roles de víctima y victimario son intercambiables y que muchos incidentes de victimización violenta son el resultado de interacciones dinámicas y explosivas en lugar de acciones deliberadas y unilaterales de la personalidad defectuosa del autorx .
 
El punto de vista actualmente dominante en victimología, de un mal infractor y una buena víctima, de una víctima inocente y un criminal culpable, poco a poco dará paso a la visión más realista y defendible de dos seres humanos atrapados en una red de relaciones sociales complejas y emociones humanasxi. Realismo significa que la venganza, que sabemos que es dañina y destructiva, hará espacio para una visión más equilibrada de la victimización y para una respuesta comunitaria donde empatía, compasión, tolerancia y perdón reemplacen las llamadas actuales de venganza. 
 
Los albores de este realismo victimológico podrían verse fácilmente en lo que Marc Groenhuijsen, uno de los defensores de las víctimas más fuertes, llama “la falacia de los victimólogos”. En su discurso ante el IX Simposio (1999: 107), advirtió en contra de la creencia errónea de que “cuantos más derechos de las víctimas, mejor”. Sostuvo que reclamar derechos excesivos para las víctimas puede y será contraproducente, simplemente porque exagerando en este sentido podría fácilmente ponerse en peligro la realización del catálogo de derechos básicos de las víctimas. La sabiduría de estas palabras no se perderá, y está destinada a influir en el pensamiento y acciones de las generaciones futuras de victimólogos. El realismo también dará lugar a una redefinición del objeto de la victimología. Si victimología no es perder completamente su carácter científico, si no es convertirse en un movimiento puramente político e ideológico, parece inevitable un nuevo trazado de sus fronteras y una reducción de su objeto.
 
Así, el realismo protegerá a la victimología contra el peligro real de ser transformada en mera preocupación por el sufrimiento humano. El realismo hará muy claro que no hay tal cosa como una “ciencia” del sufrimiento humanoxii. Porque, como Flynn (1982) señala en uno de los primeros simposios internacionales sobre victimología, si todo el dolor y el sufrimiento (que van, por ejemplo, desde enfermedad mental a neurosis) debían ser definidos como victimización, ¿quién no sería una víctima?xiii La llamada “victimología global”xiv, predicada por algunos, dará paso a una “victimología realista”, una victimología verdaderamente científica que recoge sus datos utilizando metodología de investigación reconocida, y basa su acción en teoría científica, no en ideología políticaxv. 
 
Un creciente énfasis en la investigación, particularmente investigación cualitativa 
 
Mientras el activismo para afirmar derechos de las víctimas y para mejorar su suerte ha estado en pleno apogeo en muchos frentes, animados por consideraciones políticas e ideológicas, la investigación ha estado a la zaga, y en muchos casos totalmente ausentexvi. Varias áreas, fundamentales a la teoría y práctica de la asistencia a las víctimas, apenas han sido investigadas y se encuentran en extrema necesidad de investigación empírica sólida. Uno tiene que preguntarse por qué cuando el campo de los servicios a las víctimas es floreciente, la investigación sobre los efectos de la victimización y sobre las repercusiones de la asistencia a las víctimas es difícil de conseguirxvii. Y sin embargo, parece evidente que la atención individualizada, la asistencia individualizada, y el tratamiento personalizado o asesoramiento requieren un profundo conocimiento de los diferentes efectos de la victimización y las diferentes necesidades de las víctimas de delitos (Fattah, 1999: 193). Claramente, esta es un área que ofrece excelentes oportunidades para la investigación cualitativa empírica original, pero no de ningún modo la única. 
 
Al ser una disciplina joven, muchas áreas de la victimología permanecen territorio virgen y aún no han sido exploradas por los investigadores curiosos y aventureros. Los próximos años serán testigos de una creciente conciencia de que la acción no respaldada por la investigación es un mero ejercicio ideológico, y que la práctica no basada en la teoría es peligrosa y potencialmente dañina. Se hará sentir una obvia necesidad para la investigación empírica sólida, y esa investigación será indispensable para evitar graves errores similares a los producidos por conceptos mitológicos tales como abusos rituales satánicos y pseudo-teorías, como las relacionadas con recuerdos reprimidos. 
 
La investigación victimológica cuantitativa, ejemplificada en encuestas de victimización locales, regionales, nacionales e internacionales, probablemente perdería gran parte de su popularidad debido a la ley de los “rendimientos decrecientes”. El conocimiento adicional que se deriva de la repetición de estas encuestas, sobre todo en intervalos cortos, no será suficiente para justificar los costos de su realización. Se argumentará que las grandes sumas gastadas en las encuestas nacionales de victimización podría gastarse mejor ya sea para financiar investigación cualitativa más necesaria o para sumar a las subvenciones de los programas de asistencia a las víctimas pobremente financiados y los servicios a las víctimas.
 
Una necesidad decreciente de defensa y partidismo El movimiento de víctimas ha conseguido un éxito fenomenal en muchos países. Ha enfocado la atención hacia la difícil situación de las víctimas de delitos en la moderna sociedad industrial, y ha sensibilizado al público en general, los políticos y los funcionarios del sistema de justicia penal sobre los efectos traumáticos y de larga duración de ciertos tipos de victimización criminal. Colectivos de víctimas han logrado elevar la conciencia pública sobre ciertos comportamientos dañinos y traumatizantes como la victimización sexual, el maltrato infantil, la violencia familiar, y la conducción ebria, por mencionar sólo algunos. 
 
El movimiento ha sido muy influyente en el cambio de las actitudes sociales hacia las víctimas de violación y de violencia doméstica, entre otras, y en el cambio de las prácticas del sistema de justicia penal en relación con esas víctimas y, en general, todas las víctimas de delitos. En la parte práctica, los logros del movimiento de las víctimas han sido tanto considerables como dramáticos. Estos espectaculares logros, y el hecho de que la balanza de la justicia se ha inclinado ahora en algunas sociedades en favor de las víctimas de delitos en perjuicio de los delincuentes, reducirá en el futuro la necesidad de políticas de defensa y partidismo que eran característicos de los años 1980 y 1990. Poco queda por hacer en el terreno político, y donde se han aprobado proyectos de ley de los Derechos de las Víctimas, muy poco queda por hacer en el frente legislativoxviii. 
 
Los esfuerzos, energías y fondos cambiarán gradual y lentamente a las áreas de asistencia y apoyo a las víctimas. Por suerte, estas son áreas menos contaminadas por la promoción y el partidismo que aquéllas de los derechos de las víctimas y la legislación victimal. Parte de la retórica política seguramente disminuirá. Habrá mucha menos necesidad de renovar las batallas ideológicas que ya se han ganado. Es de esperar, por tanto, que la victimología dejará de ser excesivamente política y se esforzará para ser más científica. Las luchas ideológicas del pasado están obligadas a ceder paso al sonido, no sesgado y no partidista de la investigación objetiva. Esta investigación estará orientada a la búsqueda de formas mejores y más eficaces de ayudar a las víctimas, aliviar su sufrimiento, y prevenir su futura víctimización
 
El fallecimiento de la terapia Hace tres años, en mi discurso de apertura del IX Simposio Internacional de Victimología de Amsterdam, puse de relieve algunos de los peligros de la llamada “víctimo terapia”. Varios acontecimientos posteriores, que están más allá del alcance de este artículo, dieron fuerte soporte a las preocupaciones que expresé sobre los riesgos involucrados en la terapia y a mis preocupaciones sobre el daño no intencionado que podría resultar. Todo esto apunta a un desarrollo casi seguro en victimología en el nuevo milenio. A pesar del gran interés y los enormes beneficios económicos y profesionales que un enorme ejército de terapeutas cosecha actualmente de “tratar” a las víctimas, puedo predecir con seguridad la desaparición de la terapia de la víctima en un futuro no muy lejano. 
 
La rehabilitación y tratamiento del delincuente, extremadamente popular no hace mucho tiempo, han caído en el descrédito. Hay fuertes razones para creer que un destino similar caerá sobre la terapia victimal. Los poderes naturales de curación de la psique humana que están siendo interferidos con, y obstaculizados por, las terapias profesionales, están obligados a reafirmarse por sí mismos. Prácticas de curación alternativas, que actualmente compiten con la medicina tradicional para el tratamiento de enfermedades físicas y psicológicas, demostrarán ser mejores, más eficaces y menos perjudiciales, y mucho menos costosas que la terapia profesional. Reforzar los poderes naturales de curación de la psique humana, fortalecer las redes sociales y familiares de las víctimas potenciales y reales, se verá como preferible para aliviar el sufrimiento de las víctimas en lugar de las actuales “empresas de curación”. 
 
Una vez que esto ocurra, será más difícil explotar los efectos traumáticos de la victimización y el sufrimiento psicológico de la víctima en el cumplimiento de los intereses propios de los terapeutas. 
 
El futuro de la Justicia Restaurativa Parece evidente que el futuro de la victimología influirá, y será influenciado por, la evolución del sistema de justicia. Debido a esto, el futuro de la victimología dependerá en gran medida del grado en que se acepte y se implemente el paradigma de la “justicia restaurativa”. Las sociedades están en perpetuo cambio. La sociedad de hoy está sufriendo una rápida y radical transformación. Los paradigmas de Justicia tienen que cambiar con la evolución social para permanecer en armonía con los sistemas de creencias imperantes y para hacer balance de los avances y descubrimientos en los campos de la criminología y la penología. 
 
Los objetivos arcaicos de expiación y reparación no estarán en armonía con las realidades y las creencias de la sociedad secular, postindustrial del siglo XXI. En las sociedades seculares modernas las nociones de riesgo y daño están reemplazando gradualmente las de mal, perversidad, malicia, y están obligados a convertirse en conceptos centrales de las políticas sociales y penales del futuro. Las futuras políticas de control del delito se basan en gran medida en la evaluación de riesgos, gestión de riesgos, cobertura de riesgos, reducción de riesgos y prevención de riesgos. 
 
La medición del daño: físico, material y mental, probablemente se convierta en el componente central de la reacción social a la delincuencia. Los objetivos principales de esta respuesta serán resarcimiento, reparación y la compensación. Mi hipótesis es que la distinción arbitraria entre delitos y cuasidelitos civiles desaparecerá y que las fronteras artificiales que se han erigido a lo largo de los años entre tribunales penales y tribunales civiles serán eliminadas. Todas las acciones dañinas generarán la obligación de reparar, junto con los esfuerzos para prevenir su ocurrencia futura. 
 
Esta será la era de la justicia restaurativa (ver Fattah, 1999: 167). Este cambio de paradigma tendrá un profundo impacto en la victimología del futuro. En las últimas dos décadas, los intentos de explotar la causa de las víctimas de delitos con fines políticos, y los esfuerzos de los conservadores para vender las políticas de la ley y el orden, con el pretexto de hacer justicia a las víctimas de delitos con frecuencia requieren la representación de las víctimas como vengativas, rencorosas, incluso sedientas de sangre. Aquellos que afirman representar y hablar en nombre de las víctimas propagaron la visión errónea de que la preocupación por las víctimas de delitos siempre requiere de políticas de justicia duras, punitivas. Si bien la angustia de algunas de las víctimas puede ser tan abrumadora que exigirán la pena más dura posible para su victimario, esto difícilmente podría decirse de la mayoría de las víctimas de delitos. 
 
La curación, recuperación, reparación y prevención de la victimización futura son los objetivos principales de la mayoría de las víctimas de delitos (Boers y Sessar, 1991; Pfeiffer, 1993). Y si el propósito principal de la intervención social es restaurar la paz, la reparación de los daños, sanar heridas y prevenir la repetición de la infracción, entonces es fácil prever la aplicación del paradigma de la justicia restaurativa, con sus elementos constructivos: la mediación, la conciliación, la restitución y la indemnización, como el camino hacia el futuro. Es así que se espera que las políticas promovidas por victimólogos en el futuro, al igual que la práctica y la acción victimológica, van a ser muy diferentes de las de antaño y de hoy. Si hay una predicción segura para afirmar sobre la victimología del futuro, es que se convertirá en una verdadera disciplina científica y una práctica verdaderamente humanista.
 
 
 
Autor: Ezzat A. Fattah